UNOS JUGUETES RABIOSOS
Prologo al libro Seré Breve de Felipe Orozco
(Extracto)
Juan Manuel Roca
Supongamos, como lo amerita el tipo de relatos de Felipe Orozco que nos ocupa, que este libro es más bien un pequeño teatro de sombras chinescas, un repertorio de imágenes y de historias ocurridas al dorso de la
realidad, en las antípodas de la razón razonable.
Algunosdeestosbrevesrelatosmeatreveríaa llamarlos“juguetesrabiosos”,escamoteandola
expresiónaRobertoArtl,otambién“juguetes funerarios”, esta vez para escamotearle la expresión a
André Breton cuando habla de José Guadalupe Posada y de sus tratos lúdicos con la muerte.
Son rabiosos porque hay un enojo con la realidad pero sin otra violencia distinta a la que nace de la lucidez. No es el suyo el tono airado de los voceadores de sucesivos apocalipsis. No moja su pluma en un frasco de tinta de la marca Bierce ni de la exclusiva y escasa marca Forneret, el formidable e implacable borgoñés que se firmaba “el hombre negro” (“he visto un buzón en un cementerio”).No, Felipe Orozco no sufre la punzada colérica del misántropo,más bien muestra la paradoja de lamisantropía humana, así como resulta paradójico que no haya nada más inhumano que la humanidad. Y lo hace, echando en su marmita gotas de humor negro pero también flores destiladas de buena poesía.
Debo confesar que refractario como soy a la brevedad por la brevedad, toda vez que un poema o un relato
breve si es malo ya es extenso, ajeno a la moda del microtráfico lírico, me fui con cuidado en la lectura de
este manual de sombras chinescas.¿Yque encontré? Un autor que hace yunta poderosa entre la imaginación y el lenguaje, algo que siempre se celebra y agradece.
Los invito sin más a este pabellón de sorpresas, a este pequeño teatro de los pasos perdidos. Entren. En él
podrán encontrar a un mimo que levanta paredes y posiblemente casas de aire a pruebas de desalojo. Un
mimo es un “okupa” del aire, un inquilino que entra y sale de la casa dibujada con sus manos, alguien con
unas manos diestras en domar la intemperie. Sigan. Acá podrán recordar que si alguien compra una
esclava, con ella vienen también escondidos sus recuerdos y algo que jamás podrá violar el comprador: el alma como un sésamo del que no se tiene el santo y seña. Alo mejor sea allí donde la esclava guarde su puñal.
Las grajeas más negras de “Seré breve” vienen de parte de la asfixiante belicidad del mundo. Valga como
ejemplo. Si los padres lo pensaran un poco, a lo mejor llegarían a la conclusión de que fue gracias a la inquietud de los niños, a su exasperante hiperquinesis, que en el futuro se salvarían y pondrían en aprietos a un francotirador apostado “a las puertas de Sarajevo”:
–Es difícil disparar contra un niño.
“¿Por qué? ¿Tiene hijos?”
–No es por eso. Es que se mueven mucho. (Fragmento de “Siriana”)
Los invito a entrar a este teatro de sombras chinescas, a este pabellón de sucesos insuitados, a un divertido y doliente salón de los pasos perdidos. Entren, damas y caballeros. Acá hay un pequeño e inquietante catálogo de cuadros imaginativos trazados por alguien que ha vigilado con atención las estructuras del cuento breve, pero que siempre sabe huir de sus recetarios y lugares comunes como un vampiro lo hace de su espejo.
Lisboa, marzo 23, Bogotá, marzo 31
Prologo al libro Seré Breve de Felipe Orozco
(Extracto)
Juan Manuel Roca
Supongamos, como lo amerita el tipo de relatos de Felipe Orozco que nos ocupa, que este libro es más bien un pequeño teatro de sombras chinescas, un repertorio de imágenes y de historias ocurridas al dorso de la
realidad, en las antípodas de la razón razonable.
Algunosdeestosbrevesrelatosmeatreveríaa llamarlos“juguetesrabiosos”,escamoteandola
expresiónaRobertoArtl,otambién“juguetes funerarios”, esta vez para escamotearle la expresión a
André Breton cuando habla de José Guadalupe Posada y de sus tratos lúdicos con la muerte.
Son rabiosos porque hay un enojo con la realidad pero sin otra violencia distinta a la que nace de la lucidez. No es el suyo el tono airado de los voceadores de sucesivos apocalipsis. No moja su pluma en un frasco de tinta de la marca Bierce ni de la exclusiva y escasa marca Forneret, el formidable e implacable borgoñés que se firmaba “el hombre negro” (“he visto un buzón en un cementerio”).No, Felipe Orozco no sufre la punzada colérica del misántropo,más bien muestra la paradoja de lamisantropía humana, así como resulta paradójico que no haya nada más inhumano que la humanidad. Y lo hace, echando en su marmita gotas de humor negro pero también flores destiladas de buena poesía.
Debo confesar que refractario como soy a la brevedad por la brevedad, toda vez que un poema o un relato
breve si es malo ya es extenso, ajeno a la moda del microtráfico lírico, me fui con cuidado en la lectura de
este manual de sombras chinescas.¿Yque encontré? Un autor que hace yunta poderosa entre la imaginación y el lenguaje, algo que siempre se celebra y agradece.
Los invito sin más a este pabellón de sorpresas, a este pequeño teatro de los pasos perdidos. Entren. En él
podrán encontrar a un mimo que levanta paredes y posiblemente casas de aire a pruebas de desalojo. Un
mimo es un “okupa” del aire, un inquilino que entra y sale de la casa dibujada con sus manos, alguien con
unas manos diestras en domar la intemperie. Sigan. Acá podrán recordar que si alguien compra una
esclava, con ella vienen también escondidos sus recuerdos y algo que jamás podrá violar el comprador: el alma como un sésamo del que no se tiene el santo y seña. Alo mejor sea allí donde la esclava guarde su puñal.
ejemplo. Si los padres lo pensaran un poco, a lo mejor llegarían a la conclusión de que fue gracias a la inquietud de los niños, a su exasperante hiperquinesis, que en el futuro se salvarían y pondrían en aprietos a un francotirador apostado “a las puertas de Sarajevo”:
–Es difícil disparar contra un niño.
“¿Por qué? ¿Tiene hijos?”
–No es por eso. Es que se mueven mucho. (Fragmento de “Siriana”)
Los invito a entrar a este teatro de sombras chinescas, a este pabellón de sucesos insuitados, a un divertido y doliente salón de los pasos perdidos. Entren, damas y caballeros. Acá hay un pequeño e inquietante catálogo de cuadros imaginativos trazados por alguien que ha vigilado con atención las estructuras del cuento breve, pero que siempre sabe huir de sus recetarios y lugares comunes como un vampiro lo hace de su espejo.
Lisboa, marzo 23, Bogotá, marzo 31

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