SIRIANA
Del libro Ciudadano Mambru de Felipe Orozco
Del libro Ciudadano Mambru de Felipe Orozco
Riega la tierra de Aleppo
Mientras la habitas.
Luna llena, de ti soy preso
Pero mi corazón allí se queda.
Abu Firas al-Hamdani
El
humo de los incendios es agitado por el mismo viento que peinaba las palmeras
de la otrora bella ciudad de Aleppo.
El
diestro reportero de guerra se agazapa en la terraza de un hotel en ruinas y
observa a través de su cámara por los agujeros abiertos a morterazos. Ha
descubierto, por casualidad, un francotirador a sus espaldas, que enfoca con la
mirilla de un fusil. Quizás un M40 americano o un PSG alemán. Se gira
instintivamente, le apunta con su cámara pero no dispara. Sabe que la foto del
miliciano no interesa a nadie: los tabloides están saturados de soldados sin
nombre y aún más, ha dejado de importar de qué lado luchan.
Como
el tirador, el fotógrafo está al acecho de una buena oportunidad. Al igual que
él, ha de apuntar con su cámara sin parpadear, casi sin respirar, para que la
presa no denote su presencia hasta el momento del disparo. Su objetivo ahora es
un niño que juega con un desvencijado balón en otra terraza y que caracoleando,
celebra una y otra vez un gol que nadie ha visto. La cámara lo sigue hacia un
lado y hacia el otro, corrigiendo permanentemente el enfoque, la velocidad y
exposición.
Y
recuerda allí las palabras del francotirador serbio a las puertas de Sarajevo:
Es difícil disparar sobre un
niño.
“¿Por
qué? ¿Tiene hijos?”.
No es por eso. Es que se
mueven mucho.
El
reportero confía en su olfato de veterano corresponsal y como si de otro
tirador se tratase, espera en tensa calma. Su silencio ignora los cohetes que
silban y retumban a lo lejos. Cuando suena el clic de la Nikon, el mundo entero
y la guerra parecen haberse detenido. Ha capturado en un bellísimo claroscuro
sobre los techos de la ciudad, ese momento largamente esperado, digno del
próximo premio Magnum: el instante en que el niño, aún en pie, es fulminado por
la bala.

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