PARTIDA

Es de noche.
Las parejas van a la cama.
Las mujeres jóvenes parirán huérfanos.
Bertold Brecht

Se conocen desde que eran niños y después de muchos encuentros fortuitos, dormirán juntos por primera vez. Le prometió que no lloraría al verlo partir y está decidida a cumplirlo. La guerra es un hecho y el frente lo espera, como a muchos otros jovencitos del pueblo. Esta noche dejará de ser una niña y le queda una guerra entera para aprender a ser mujer. A esperar, a desesperar, a llorar en silencio, a desear que sean ajenos los muertos.

El chico ha dejado de ser niño hace tiempo.

De eso se ha encargado el Ejército, que le ha enseñado todas las cosas que un muchacho debe saber para convertirse en un verdadero hombre. Ha aprendido a llenar el cargador de su Beretta M9. A marchar al compás y dar la media vuelta con aire marcial. A masturbarse durante la guardia con una sola mano, mientras sostiene con la otra la culata de su Galil. A calar correctamente la bayoneta. Ha aprendido que todas las mujeres son putas y que aquel que no es soldado, es marica. Ha aprendido que su capitán es su padre, su madre, su abuela, su abuelo, y especialmente, a obedecer sus órdenes por más descabelladas, dementes o sádicas que estas sean. Ha aprendido que debe confiar las soluciones a sus superiores aunque sean quienes han generado los problemas. Que la patria es una madre caprichosa que poco le ha dado, pero merece todos los sacrificios. Que nació para defender una tierra de la que nunca será dueño. Que del otro lado de la frontera viven hombres que pretenden quitarle todo lo suyo aun cuando todo se lo hayan negado los de aquí.

Se conocen desde niños. Ensayan todos los besos que han guardado para una ocasión que puede ser la última.

Regresaré de la guerra para amarte, dice.

Ella sabe que el muchacho miente.

Él no.


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