CORRESPONDENCIA

Del libro Ciudadano Mambru de Felipe Orozco

 ¿Sabe cuál es la diferencia entre un buen tipo y uno malo? Que el buen tipo hace canalladas de mala gana.                             
Vasili Grossman

“Guardo entre mis piernas tu recuerdo”, escribe la muy puta. Lo dice la carta, escrita con letra de niña y que ha releído miles de veces. 

“Busco tu olor entre mis sábanas”, sigue la maldita, como si esa carta no estuviese a punto de enloquecerlo. Como si no la hubiese roto varias veces y unido otras tantas, llorando de impotencia. Como si conociera a la colegiala de la foto que venía con aquel papel. Como si esa carta hubiese sido escrita para él. Como si fuese más fácil matar hombres y no los espejismos que le acechan. 

“Mis manos que me acarician, son las tuyas ausentes”, le escribió a ese hombre que se pudre dos zanjas más allá, y que en muy mala hora se puso a tiro de su arma. Porque su deber es matar. Seguir matando. Matar al enemigo. Matar la guerra así como mató a ese soldado que guardaba en el bolsillo aquella carta. Matar incluso a la muerte una y otra vez.

 “Tus pasos suben la escalera de mi recuerdo”, recita de memoria y quiere traspasar a sangre y fuego las líneas enemigas hasta encontrarla y acabar de una vez con ella. O arrodillarse y pedirle perdón mil veces, por matar a ese muchacho que tanto amaba.

“Te extraño con un dolor tan tierno”, lee como si no supiera de memoria esa carta y la guerra no se tornara perpetua. Inmóvil en su eterna pesadilla, comprende que ya no le basta con matar enemigos: ratas como él que se arrastran en el fango del desespero. Es necesario disparar contra quienes azuzan la escabechina. Los oficiales del enemigo, por ejemplo. Y qué diablos ¡Sus propios oficiales! Su sargento, su teniente, su coronel, su general. Y a todos los hijos de puta que iniciaron esta guerra desde el parapeto cobarde de un escritorio. 

“Guardo en mi lengua ese último beso”, relee por milésima vez, mientras cuenta las balas de su  cargador y mira a quién disparar. Observa a su alrededor. Se descubre rodeado de perros tan cansados y hartos como él.


Se mira. Dispara.



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